Garrulus Sanguinarium

Hay mucho garrulo que piensa que matar es artístico, deportivo y de buen gusto. Aquí voy a exponer los pueblos donde más abundan, los personajes más destacados, así como sus costumbres ancestrales por las que son conocidos. Esperemos que algún día esta especie se extinga de una vez.

Monday, January 30, 2012

Crimen sin castigo


Ahora que me estoy leyendo "Crimen y castigo" de Fyodor Dostoevsky me he encontrado con esta terrible escena que pone los pelos de punta. No sé por qué me he acordado de los garrulazos de Tordesillas a los que el linchamiento les parece arte y cultura.
La bestia humana se encuentra en todas partes, cuidado con ella...

"Va con su padre por el camino que conduce al cementerio. Pasan por delante de
la taberna. Sin soltar la mano de su padre, dirige una mirada de horror al
establecimiento. Ve una multitud de burguesas endomingadas, campesinas con
sus maridos, y toda clase de gente del pueblo. Todos están ebrios; todos cantan.
Ante la puerta hay un raro vehículo, una de esas enormes carretas de las que
suelen tirar robustos caballos y que se utilizan para el transporte de barriles de
vino y toda clase de mercancías. Raskolnikof se deleitaba contemplando estas
hermosas bestias de largas crines y recias patas, que, con paso mesurado y
natural y sin fatiga alguna arrastraban verdaderas montañas de carga. Incluso se
diría que andaban más fácilmente enganchados a estos enormes vehículos que
libres.
Pero ahora cosa extraña la pesada carreta tiene entre sus varas un caballejo
de una delgadez lastimosa, uno de esos rocines de aldeano que él ha visto
muchas veces arrastrando grandes carretadas de madera o de heno y que los
mujiks desloman a golpes, llegando a pegarles incluso en la boca y en los ojos
cuando los pobres animales se esfuerzan en vano por sacar al vehículo de un
atolladero. Este espectáculo llenaba de lágrimas sus ojos cuando era niño y lo
presenciaba desde la ventana de su casa, de la que su madre se apresuraba a
retirarlo.
De pronto se oye gran algazara en la taberna, de donde se ve salir, entre cantos
y gritos, un grupo de corpulentos mujiks embriagados, luciendo camisas rojas y
azules, con la balalaika en la mano y la casaca colgada descuidadamente en el
hombro.
-¡Subid, subid todos!- grita
un hombre todavía joven, de grueso cuello, cara mofletuda y tez de un rojo de zanahoria.
-Os llevaré a todos. ¡Subid!
Estas palabras provocan exclamaciones y risas.

-¿Creéis que podrá con nosotros ese esmirriado rocín?

-¿Has perdido la cabeza, Mikolka? ¡Enganchar una bestezuela así a semejante
carreta!


-¿No os parece, amigos, que ese caballejo tiene lo menos veinte años?
-¡Subid! ¡Os llevaré a todos! vuelve a gritar Mikolka.
Y es el primero que sube a la carreta. Coge las riendas y su corpachón se
instala en el pescante.
-El caballo bayo- dice a grandes voces-se lo llevó hace poco Mathiev, y esta
bestezuela es una verdadera pesadilla para mí. Me gusta pegarle, palabra de
honor. No se gana el pienso que se come. ¡Hala, subid! lo haré galopar, os
aseguro que lo haré galopar.
Empuña el látigo y se dispone, con evidente placer, a fustigar al animalito.
-Ya lo oís: dice que lo hará galopar. ¡Ánimo y arriba!- exclamó
una voz burlona entre la multitud.

-¿Galopar? Hace lo menos diez meses que este animal no ha galopado.
-Por lo menos, os llevará a buena marcha.
-¡No lo compadezcáis, amigos! ¡Coged cada uno un látigo! ¡Eso, buenos latigazos es lo que necesita esta calamidad!
Todos suben a la carreta de Mikolka entre bromas y risas. Ya hay seis arriba, y
todavía queda espacio libre. En vista de ello, hacen subir a una campesina de
cara rubicunda, con muchos bordados en el vestido y muchas cuentas de colores
en el tocado. No cesa de partir y comer avellanas entre risas burlonas.
La muchedumbre que rodea a la carreta ríe también. Y, verdaderamente, ¿cómo
no reírse ante la idea de que tan escuálido animal pueda llevar al galope
semejante carga? Dos de los jóvenes que están en la carreta se proveen de
látigos para ayudar a Mikolka. Se oye el grito de U ¡Arre! y el caballo tira con todas sus fuerzas. Pero no sólo no consigue galopar, sino que apenas logra avanzar al
paso. Patalea, gime, encorva el lomo bajo la granizada de latigazos. Las risas
redoblan en la carreta y entre la multitud que la ve partir. Mikolka se enfurece y se
ensaña en la pobre bestia, obstinado en verla galopar.
-¡Dejadme subir también a mí, hermanos!- grita un joven, seducido por el alegre
espectáculo.
-¡Sube! ¡Subid!- grita Mikolka.
-¡Nos llevará a todos! Yo le obligaré a fuerza de golpes... ¡Latigazos! ¡Buenos latigazos!
La rabia le ciega hasta el punto de que ya ni siquiera sabe con qué pegarle para
hacerle más daño.
-Papá,papaíto exclama Rodia.-¿Por qué hacen eso? ¿Por qué martirizan a ese
pobre caballito?
-Vámonos,vámonos- responde el padre.-Están borrachos... Así se divierten, los muy imbéciles...Vámonos..., no mires...
E intenta llevárselo. Pero el niño se desprende de su mano y, fuera de si, corre
hacia la carreta. El pobre animal está ya exhausto. Se detiene, jadeante; luego
empieza a tirar nuevamente... Está a punto de caer.
-¡Pegadle hasta matarlo! ruge Mikolka.-¡Eso es lo que hay que hacer! ¡Yo os
ayudo!
-¡Tú no eres cristiano: eres un demonio!- grita un viejo entre la multitud.
Y otra voz añade:

-¿Dónde se ha visto enganchar a un animalito así a una carreta como ésa?
-¡Lo vas a matar!- vocifera un tercero.
-¡Id al diablo! El animal es mío y puedo hacer con él lo que me dé la gana.
¡Subid, subid todos! ¡He de hacerlo galopar!

De súbito, un coro de carcajadas ahoga la voz de Mikolka. El animal, aunque
medio muerto por la lluvia de golpes, ha perdido la paciencia y ha empezado a
cocear. Hasta el viejo, sin poder contenerse, participa de la alegría general. En
verdad, la cosa no es para menos: ¡dar coces un caballo que apenas se sostiene
sobre sus patas...!
Dos mozos se destacan de la masa de espectadores, empuñan cada uno un
látigo y empiezan a golpear al pobre animal, uno por la derecha y otro por la
izquierda.
-Pegadle en el hocico, en los ojos, ¡dadle fuerte en los ojos!- vocifera Mikolka.
-¡Cantemos una canción, camaradas!- dice una voz en la carreta.-El estribillo tenéis que repetirlo todos.
Los mujiks entonan una canción grosera acompañados por un tamboril. El
estribillo se silba. La campesina sigue partiendo avellanas y riendo con sorna.
Rodia se acerca al caballo y se coloca delante de él. Así puede ver cómo le
pegan en los ojos..., ¡en los ojos...! Llora. El corazón se le contrae. Ruedan sus
lágrimas. Uno de los verdugos le roza la cara con el látigo. Él ni siquiera se da
cuenta. Se retuerce las manos, grita, corre hacia el viejo de barba blanca, que
sacude la cabeza y parece condenar el espectáculo. Una mujer lo coge de la
mano y se lo quiere llevar. Pero él se escapa y vuelve al lado del caballo, que,
aunque ha llegado al límite de sus fuerzas, intenta aún cocear.
-¡El diablo te lleve!- vocifera Mikolka, ciego de ira. Arroja el látigo, se inclina y coge del fondo de la carreta un grueso palo. Sosteniéndolo con las dos manos por un extremo, lo levanta penosamente sobre
el lomo de la víctima.
-¡Lo vas a matar! grita uno de los espectadores.
-Seguro que lo mata dice otro.


-¿Acaso no es mío? ruge Mikolka. Y golpea al animal con todas sus fuerzas. Se oye un ruido seco.
-¡Sigue! ¡Sigue! ¿Qué esperas?- gritan varias voces entre la multitud.
Mikolka vuelve a levantar el palo y descarga un segundo golpe en el lomo de la
pobre bestia. El animal se contrae; su cuarto trasero se hunde bajo la violencia del
golpe; después da un salto y empieza a tirar con todo el resto de sus fuerzas. Su
propósito es huir del martirio, pero por todas partes encuentra los látigos de sus
seis verdugos. El palo se levanta de nuevo y cae por tercera vez, luego por cuarta,
de un modo regular. Mikolka se enfurece al ver que no ha podido acabar con el
caballo de un solo golpe.
-¡Es duro de pelar!- exclama uno de los espectadores.
-Ya veréis como cae, amigos: ha llegado su última hora- dice otro de los curiosos.
-¡Coge un hacha! sugiere un tercero.
-¡Hay que acabar de una vez!
-¡No decís más que tonterías! brama Mikolka.
-¡Dejadme pasar!
Arroja el palo, se inclina, busca de nuevo en el fondo de la carreta y, cuando se
pone derecho, se ve en sus manos una barra de hierro.
-¡Cuidado! exclama.
Y, con todas sus fuerzas, asesta un tremendo golpe al desdichado animal. El
caballo se tambalea, se abate, intenta tirar con un último esfuerzo, pero la barra
de hierro vuelve a caer pesadamente sobre su espinazo. El animal se desploma
como si le hubieran cortado las cuatro patas de un solo tajo.
-¡Acabemos con él! ruge Mikolka como un loco, saltando de la carreta.
Varios jóvenes, tan borrachos y congestionados como él, se arman de lo primero
que encuentran látigos,palos, estacas y se arrojan sobre el caballejo agonizante.
Mikolka, de pie junto a la víctima, no cesa de golpearla con la barra. El animalito
alarga el cuello, exhala un profundo resoplido y muere.
-¡Ya está! dice una voz entre la multitud.
-Se había empeñado en no galopar.¡Es mío!- exclama Mikolka con la barra en la mano, enrojecidos los ojos y como lamentándose de no tener otra victima a la que golpear.
-Desdeluego, tú no crees en Dios- dicen algunos de los que han presenciado la
escena.
El pobre niño está fuera de sí. Lanzando un grito, se abre paso entre la gente y
se acerca al caballo muerto. Coge el hocico inmóvil y ensangrentado y lo besa;
besa sus labios, sus ojos. Luego da un salto y corre hacia Mikolka blandiendo los
puños. En este momento lo encuentra su padre, que lo estaba buscando, y se lo
lleva.
-Ven, ven- le dice.-Vámonos a casa.
-Papá, ¿por qué han matado a ese pobre caballito?- gime Rodia. Alteradas por
su entrecortada respiración, sus palabras salen como gritos roncos de su contraída garganta.
-Están borrachos- responde el padre.- Así se divierten. Pero vámonos: aquí no
tenemos nada que hacer.
Rodia le rodea con sus brazos. Siente una opresión horrible en el pecho. Hace
un esfuerzo por recobrar la respiración, intenta gritar... Se despierta."

0 comments:

Earthlings (Terrícolas)

Earthlings es un documental que trata acerca de la absoluta dependencia de los humanos para con los animales no humanos usados como mascotas, comida, vestimenta, entretenimiento e investigación científica, así como acerca de nuestra total falta de respeto a estos nuestros “proveedores”. La película en su versión original está narrada por el actor nominado al Oscar Joaquin Phoenix (Gladiador) y la banda sonora es del aclamado músico Moby.

¡Gracias por tu visita!